Isaac del Toro, originario de Ensenada, Baja California, figura ya entre los nombres más destacados del ciclismo internacional. Con solo 21 años, lidera el Giro de Italia 2025 y se convirtió en el primer mexicano en portar la maglia rosa, símbolo del primer lugar en una de las tres grandes vueltas del ciclismo profesional.
Desde pequeño, Del Toro mostró una conexión especial con la bicicleta. Sus padres, aficionados al ciclismo, impulsaron su interés. A los 16 años, decidió mudarse a Italia para entrenar y competir con equipos formativos europeos. Esa decisión lo acercó al nivel de exigencia mundial y marcó el inicio de su carrera profesional.
En 2023, escribió historia al ganar el Tour de l’Avenir, una competencia considerada la antesala del Tour de Francia. Fue el primer mexicano en alcanzar ese título. También dominó las clasificaciones por puntos, montaña y mejor joven, lo que evidenció su perfil completo como corredor: resistente, táctico y veloz.
Ese mismo año firmó contrato con el UAE Team Emirates, una de las escuadras más potentes del circuito. La temporada 2024 consolidó su ascenso. Ganó la Vuelta a Asturias, se coronó en la clásica Milán-Turín y terminó tercero en el Tour Down Under, donde también se llevó una etapa.
Desde su debut, mostró temple y disciplina. En el Giro de Italia actual, se apoderó del liderato durante la etapa 6, que concluyó en Siena. Mantuvo la ventaja frente a rivales de renombre como Simon Yates, Juan Ayuso y Richard Carapaz. Del Toro no se limitó a resistir. Sumó segundos valiosos con sprints intermedios y bonificaciones, y evitó caídas gracias a su capacidad para leer la carrera.
Su madurez dentro del pelotón sorprendió incluso a los más experimentados. En varias etapas de montaña, Del Toro reguló su esfuerzo con inteligencia. Reaccionó solo cuando fue necesario y eligió los momentos ideales para responder ataques.
El UAE Team Emirates respaldó su liderato. Aunque comparte filas con el español Juan Ayuso, otro candidato al podio, la armonía dentro del equipo ha prevalecido. Del Toro reconoció en varias entrevistas que mantiene una buena relación con sus compañeros, y que respeta las decisiones estratégicas del equipo técnico.
Además de su desempeño en lo deportivo, Del Toro también genera atención por su carácter reservado y centrado. Habla poco con la prensa, elige bien sus palabras y evita declaraciones rimbombantes. Asegura que todavía no se considera un campeón, aunque admite que ha crecido mucho desde su primera competencia internacional.
“Vine a aprender, pero también a competir. No vine a mirar de lejos”, dijo tras defender con éxito la maglia rosa por quinto día consecutivo. “Cada día me siento más preparado. Tengo hambre y respeto por este deporte.”
La prensa especializada en Europa lo describe como “el nuevo latino que rompe el molde”. Comparan su enfoque con el de corredores históricos como Nairo Quintana en sus primeros años, aunque con una proyección más versátil.
Hasta la etapa 15, Del Toro conserva el liderato con 1 minuto y 20 segundos de ventaja sobre Simon Yates. El ecuatoriano Carapaz y el colombiano Bernal también figuran en el top 10, lo que refuerza la presencia latinoamericana en la élite del ciclismo.
Del Toro no solo inspira por lo que representa en la carretera. Su historia ha empezado a resonar entre jóvenes deportistas en México y América Latina. Creció en una zona con escasos recursos para el ciclismo profesional, sin acceso constante a equipo de alto nivel ni a entrenadores especializados. Su camino incluyó sacrificios familiares, disciplina férrea y años de competencia en Europa lejos de casa.
Hoy, su rostro aparece en portadas deportivas, y medios internacionales comienzan a perfilarlo como candidato a ganar el Giro, un logro que ningún ciclista mexicano ha conseguido.
Si completa la hazaña, se convertirá no solo en campeón, sino en referente. Las etapas de montaña por venir serán decisivas. Del Toro deberá soportar la presión mediática, responder a ataques directos y administrar su energía. Sin embargo, ha mostrado temple, estrategia y piernas.
Mientras tanto, el ciclismo mexicano observa con entusiasmo. Las federaciones locales y clubes juveniles ya reportan un aumento de inscripciones. Entrenadores destacan que, por primera vez en años, muchos jóvenes no quieren jugar fútbol… quieren andar en bici.
Del Toro, sin buscarlo, representa el sueño posible: el atleta que salió de una ciudad costera y alcanzó el podio más alto del ciclismo mundial. No lo hizo con frases hechas ni con patrocinadores multimillonarios. Lo hizo con kilómetros en silencio, subidas largas y un corazón que no dejó de pedalear.
Su historia apenas comienza. Y, como él mismo dijo hace unos días: “Esto es solo la primera página.”


