WASHINGTON — Donald Trump presentó la liberación del estadounidense Stephen Hubbard como una demostración de su influencia sobre Vladimir Putin. Aseguró que Estados Unidos no entregó “nada a cambio”, pero omitió que días antes había frenado nuevas sanciones contra Rusia y abierto la puerta a la compra de diésel ruso.
Hubbard, maestro jubilado de Michigan de 74 años, fue capturado por fuerzas rusas en abril de 2022 en la ciudad ucraniana de Izyum. Moscú lo acusó de combatir como mercenario y lo condenó a seis años y diez meses de prisión durante un juicio cerrado. Su familia y sus abogados negaron las acusaciones, y Estados Unidos lo consideraba detenido injustamente.
El 9 de octubre, el Departamento del Tesoro autorizó temporalmente las transacciones necesarias para vender, transportar e importar diésel de origen ruso. Trump anunció que Rusia colocaría inmediatamente más de 300 mil toneladas del combustible en los mercados estadounidense y mundial.
Una semana después, el presidente renunció a aplicar una amplia serie de nuevas sanciones y aranceles contra Rusia contemplados en una ley aprobada por el Congreso. Las medidas buscaban reducir el flujo de dinero que sostiene la invasión de Ucrania.
Putin liberó a Hubbard el 21 de octubre. Trump insistió en que no hubo intercambio de prisioneros, pero después reconoció que imponer las sanciones habría detenido por completo las negociaciones. No existe evidencia pública de un acuerdo secreto, aunque las palabras del propio presidente contradicen la idea de que Moscú no recibió ningún beneficio.
La liberación de Hubbard es una buena noticia para él y su familia. Pero celebrarla no obliga a aceptar la versión incompleta de Trump: mientras afirma que Putin no recibió nada, su gobierno autorizó el diésel ruso, frenó nuevas sanciones y ayudó a aliviar la presión económica sobre el Kremlin.


